¿Aceptas tu realidad?

¿Aceptas tu realidad?
miércoles, 13 de noviembre de 2013

La vendedora de fosforos - La realidad supera el cuento

Desde que tuve uso de razón no paraba de ojear los cuentos de niña de mi madre, unos cuentos que vinieron de Argentina en su edición de 1939, no me preguntéis la razón.  Apenas sabía leer y ya vivía inmersa en aventuras con solo ver sus ilustraciones que coloreaba, borraba y volvía a colorear, como si dándole color me pudiese contar su relato Pero los colores se convirtieron en palabras que se convertían en fantásticas historias que me transportaban a mundos maravillosos e increíbles, de hadas y brujas, de ogros y enanos, de  princesas y príncipes, de animales que se comportaban y hablaban como humanos, de rincones y sitios lejanos con otras gentes de ojos achinados o piel más oscura, de niños y niñas como yo, pero tan valientes y buenos que se merecían una recompensa, …..  Pero de entre todos los libros el más desgastado de tanto leer fue los  "Cuentos de Andersen". ¿Por qué me apasionaba  aquel libro precisamente lleno de cuentos desconcertantes, tristes y trágicos pero paradójicamente felices? ¿Quién fue ese Andersen?


Hans Christian Andersen, un Danés nacido a primeros del siglo XIX, fue como en su cuento “El patito feo”.  Niño enfermizo,  de carácter tímido y retraído, hijo de un zapatero, tan pobre  que más de una vez tuvo que dormir debajo de un puente, y a cuya madre dedico el cuento de "La vendedora de fósforos". El joven Hans Christinan habiendo terminado la escuela de pobres con pésimos resultados,  sobrevivía a duras penas como bailarín, cantor y actor, hasta que conoció a su benefactor y amigo Jonas Collis, que convencido de su talento decidió ayudarlo, consiguiendo para él una beca para que estudiase en la escuela de Slagelse. A su término  en 1827 decidió asumir su vocación literaria con su poema “El niño moribundo” y de allí despego su carrera literaria.  Publico más de 157 cuentos (El traje nuevo del emperadorLa pequeña cerilleraLa sirenitaEl patito feoLas Zapatillas RojasEl soldadito de plomoEl Alforfon), muchos de ellos obras maestras,  aparte de otros géneros literarios de menor éxito.

Hans Christian Andersen modernizó el cuento popular a partir de su mundo existencia y la realidad cotidiana.  Cuando Andersen escribía cuentos, tenía presente al niño en su mente.  En una carta que escribió confesó que escribía sus cuentos como si se los contara directamente a los niños, aunque no le gustaba tenerlos a sus alrededor, probablemente porque él mismo fue un niño maltratado y desolado, que recurrió a la fantasía para defenderse de su entorno.

 El concedió vida a todo lo que imaginaba, como un niño concede vida a sus juguetes.  Nadie como él supo penetrar en  ese calidoscopio misterioso que es el mundo de los seres y las cosas.  Aborda una temática múltiple de la condición humana: el amor, el dolor, la necesidad, el orgullo, el egoísmo, la crueldad, el dualismo; el fin, llega a plantear hasta la problemática del bien y del mal en todos sus recovecos (Elizagaray. M-A, 1975, p.90)

Si tuviera que elegir mi cuento preferido sería imposible, ya que tendríamos que hablar de varios, pero sin duda el que más me alteró fue el de la niña cerillera en su trágica muerte de frío y soledad.  La cerillera podía ser yo, era una niña que podía ser real, no había hadas, ni príncipes, ni rescates.  Me daba cuenta de que esa miseria podía existir y que ese cuento era una realidad terrible.  ¿Tan espantosa y miserable era su vida que la muerte era preferible? ¿Tan necesitada y carente de cariño que solo  a través de la muerte abrazaría a  su querida abuela?   No comprendía que nadie la hubiese dado unas monedas la noche de Año Nuevo o que le hubiera ofrecido abrigo.  No entendía que tuviese miedo de regresar a su mísera casa por miedo a que su padre la pudiese pegar por no poder llevar nada.  ¿No había nadie que la diese un poco de cariño, que la cogiese en sus brazos? ¿Es que su única esperanza estaba basada en visiones y recuerdos?  Mi cabecita de 8 años no podía soportar su desdicha  y su paradójico final feliz en el cielo en brazos de su abuela me descomponía, y esa cabecita no concebía que esa unión con la abuela entrando en las glorias del Año Nuevo fuera algo bueno . Esta terrible realidad me daba escalofríos llenando mis ojos de lágrimas.  ¡Yo quería darle abrigo, yo quería cogerla en mis brazos, animarla a levantarse, a seguir luchando,  decirle que encontraría a alguien como su abuela, que este no podía ser su final!  ¿Cómo puede haber un final de frio, soledad  y muerte para un niño? ¿Porque  la abuela te dejo morir y  no le infundió ánimo para seguir? ¿Cómo podía ser la muerte un alivio, una salida? Preguntas incontestadas que me dejaban angustiada y acongojada.


Sin la mirada de una niña, pero con la misma tristeza e inquietud sabiendo que la realidad supera el cuento, y que existen hoy en día miles de historias de niños en circunstancias incluso peores, os dejo que leáis en mi libro: 


viva40mas

La realidad supera el cuento, pero podemos hacer algo: AYUDAR A UNICEF u otra organización de confianza para salvar a las familias en Filipinas en:  EMERGENCIA TIFON DE FILIPINAS: http://www.unicef.es/emergencia-tifon-filipinas/donar?utm_source=socios&utm_medium=email&utm_content=botonDonaCabecera&utm_campaign=emergencia_filipinas

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