¿Aceptas tu realidad?

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viernes, 22 de noviembre de 2013

Noviembre gastronómico de setas y de 1866

¡Quién me iba a decir a mi que me lo iba a pasar como una enana cogiendo setas!
Recolección de niscalos


Cuando nuestro grupo de amigos de bailes de salón organizóun fin de semana muy completo por lo variopinto en un pueblecito castellano para coger setas, comer buen lechazo y cochinillo y salir de parranda a una conocida sala de bailes de salón en la zona, nunca pensé que el momento más divertido llegaría a ser el de la recogida de setas.

Las setas estaban en pleno apogeo, ya que el día antes había llovido, pero el día amanecía estupendo en un frío sin helar pero soleado para pasear por el campo.

Los anfitriones bien informados con los permisos correspondientes, y con indicaciones de las buenas formas de recolección con cestas de mimbre, que permiten  la aireación para la caída exterior de las esporas, y navajas para cortarlas, nos llevaron a una  zona de pinares en busca del preciado manjar: Los níscalos. hongo basidiomiceto comestible que se distingue por su característico color naranja.  

En marcha nos pusimos con mucho afán como si en busca de oro se tratase, pero la tarea a unos le resultaba más fácil que a otros.  Mi querida Paloma parecía que tenía radar especial para níscalos, ya que los pocos sobresalían, pero los muchos estaban algo escondidos, y los mejores se encontraban debajo de las boñigas, que apartándolas con un palito y sin remilgos descubrían nuestro preciado tesoro, que sin duda sabrían con tal abono mejor.


Yo como una niña pequeña me enrabié por quererlos descubrirlos yo sola, ya que Paloma aparte de llevarme una buena delantera en eficiencia rastreadora de setas,  me descubría y dejaba el copete naranja a la vista para dejarme contenta, ya que parecía que tenía ceguera en ver las setas.   Al final ya le fui cogiendo el tranquillo y el gusto a  pasear por el campo sin dejar de mirar al suelo en busca de algo que ni sabia todavía cocinar.

Con falta de tiempo, pero con todavía ganas de recoger más,  nos repartimos el tesoro naranjita como buenos amigos.  Yo  miraba mi cesta repleta de setas  incrédula de lo que decían algunos que era un manjar, pero que yo siquiera había probado  y menos cocinado.  Menos mal que Carmen, con buena afición tanto en la recogida de setas y otros muchos menesteres culinarios, me supo asesorar tanto de cocinarlo como de conservarlos.   

Cuando llegamos a casa mi marido creyó que se habían estropeado ya que se habían puesto verdes en el interior de su copete, pero una llamadita a Carmen nuevamente nos saco de dudas.  El verde es por la oxidación, por lo que estaban en perfecto estado.  Siguiendo sus recomendaciones y conservando el verde, las limpiamos bien con agua, ya que la tierra cuesta bastante de quitar,  y luego las dejamos secar en un trapo boca arriba.  Las que queríamos conservar las precocinamos poniéndolas con poco de aceite en un sartén honda hasta que el jugo de la propia seta se consumía, y a congelar. 

¡Deliciosas las cenamos cocinadas con ajito picado y un poco de aceite de oliva!; pero reconozco que más que me comerlas me gusto recogerlas.

En google podréis encontrar todo tipo de recetas de níscalos que os harán la boca agua.  Mayte, otra del grupo,  nos comento de una crema de níscalos y verduras para chuparse los dedos, que antes de que termine este noviembre pienso preparar.

En el mes de noviembre del "libro de las familias de 1866" no viene nada de recolección de setas, pero si en su parte de recetas de setas  monte y setas de cardo.

Pero os dejo que vosotros cotilleéis este mes pleno de otoño de hace más de 150 años en tierras castellanas.





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